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Ese dragón era la pesadilla de los ganaderos, pues se comía todo el ganado que encontraba. Se comió todos los moguris de desayuno. Al mediodía acabó con todos los cactilios. De merienda le vino bien comerse a todas los tomberis. Y para la cena fueron todos los chocobos.
Cuando ya no quedaba nada que darle de comer al dragón, este les exigió que cada semana se le entregase un chico o una chica de la ciudad para comer, de lo contrario, acabaría con la ciudad.
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[/center]Los habitantes de la ciudad estaban aterrados. Decidieron que se elegiría por sorteo entre todos jóvenes de la ciudad quién sería el desafortunado que debía servir de alimento a tan despiadado dragón.
La primera afortunada fue Sara, ni más ni menos, que la hija del Rey. La joven princesa se puso a llorar desconsolada. También su padre lo hizo, que aún siendo el Rey y poder cambiar las leyes a su antojo, pensó ... ¿quién iba a ofrecer a sus hijos para calmar el dragón si el propio Rey rehuía de ello?
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Así que cuando la princesa salió al encuentro del dragón, el Rey y todos los ciudadanos rezaron para que ocurriera un milagro, que el dragón desapareciese, la joven princesa pudiera volver a casa y todo hubiese sido una horrible pesadilla.
La princesa caminó hasta el Templo del Caos donde se había instalado el dragón. No tenía pérdida, sólo tenía que seguir el hedor que dejaba el dragón tras de si. Vió que el dragón lo esperaba en la puerta. Feroz la enseñó los dientes mientras se reía "¡Que gran festín!" dijo.
Pero de repente se oyó un “Kue” y unas pisadas que iban al galope. Y un grito de guerrero "¡Enfréntate antes a mí, dragón!". Y valiente apareció un caballero montado sobre un veloz chocobo.
El dragón se abalanzó sobre él y empezó una lucha terrible hasta que finalmente el caballero consiguió con su lanza travesar el pecho del dragón, que cayó herido al suelo.
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De la sangre que salía de la herida del dragón, nació una rosa salvaje, tres plumas de chocobo y 400 guiles. El caballero ganó 3000 puntos de experiencia. Antes de asestarle el golpe de gracia el caballero se apiadó de la bestia y tuvo una idea: Le perdonó la vida al dragón, le curó la herida con una ultrapoción y le ofreció su chocobo para desayunar. Todo a cambio de que la bestia le sirviera de ahora en adelante como montura.
Una vez convertido en caballero dragontino, el caballero y su bestia salieron volando sin despedirse de Sara que tuvo que volver sola a casa.
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