Phoenix

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Phoenix

Post by Deja » 23 Aug 2012, 20:50

¡Buen@s días, tardes o noches!
Presento mi novela: Phoenix
¡Espero que sea de vuestro disfrute leerla!

Prólogo:
[spoiler]Quienes tengan mi misma edad, y quienes no, también, recuerdan dónde estaban y qué hacían la primera vez que oyeron hablar del proyecto. Cuando en el canal de vídeo apareció un flash informativo anunciando que los científicos comenzaban ese mismo día, yo me encontraba en mi habitación con mi portátil. Recibí la noticia a través de un correo electrónico.

No era la primera vez que oía hablar del proyecto, claro. Todo el mundo sabía qué era: el experimento que iba a revolucionar el mundo y que, gradualmente, evolucionaría la raza humana hasta convertirla en otra con distintas condiciones. Los antiguos informes habían conseguido un éxito sin precedentes entre muchos de los investigadores, los cuales habían corroborado toda la información y habían dado el visto bueno. Todo aquello lo convertía en el tema de conversación de personas de todas las edades. Al igual que el ansia de conocer más y más sobre él.

Al principio no entendí, ni yo ni nadie, por qué los medios de comunicación concedían tanta importancia a aquella nueva y descabellada idea. Como si los habitantes del planeta Tierra no tuvieran otras preocupaciones. La crisis energética. El catastrófico cambio climático. El hambre, cada vez más generalizada, la pobreza, las múltiples enfermedades nuevas y sin vacuna. Una docena de guerras. Ya se sabe, lo de siempre: «perros y gatos juntos, histeria colectiva». Por lo general, los informativos no interrumpían las comedias de costumbres interactivas, ni las telenovelas, a menos que hubiera sucedido algo muy grave. Como el descubrimiento de un virus asesino o la desaparición de alguna ciudad bajo una nube atómica. Cosas así.
La verdad es que nuestro comportamiento podía tacharse de lógico ya que en un primer momento únicamente anunciaron lo planeado, es decir: el fin; pero sin los medios. Podía tratarse de un campo de pruebas, entrenamientos forzados o incluso drogas. Pero solo habían mencionado su finalidad y lo que constituiría para la humanidad. Un cambio muy radical, sin duda alguna.

La gente, escéptica, no se podía creer que estuvieran invirtiendo millones de euros en una aspiración tan utópica como era aquella. Nunca hicieron pública la cantidad exacta de bienes económicos, pero los cálculos citaban una suma de por lo menos mil millones. Investigaciones, materiales para la creación de nuevas máquinas, dinero para pagar a sujetos reales en los que confirmar un buen funcionamiento sin virus extraños y, claro, satisfacción personal.

Así que la nueva información revelada prendió como una llama en una gasolinera y recorrió todo el mundo en cuestión de minutos. Todas las cadenas de televisión interrumpieron las series que emitían en aquel momento y lanzaron el vídeo de un empleado que expresaba, hasta el más mínimo detalle, de lo que iba a consistir el proyecto del que tanto se había hablado. Al mismo tiempo ya había usuarios por Internet que grababan la televisión y subían en directo el vídeo, con streamings y capturadoras. Pocos minutos después una usuaria de sobrenombre poco importante colgó el vídeo en la máxima definición de audio y resolución de pantalla. Luego muchos otros copiaron su vídeo y lo subieron en el menor tiempo posible, como si se fueran a hacer famosos por ello. Aunque, lo cierto es que sí recibieron considerables visitas al perfil.

En aquel mismo instante estaba a punto de apagar el ordenador y otorgarme el resto del día libre para descansar cuando un inoportuno sonido atornilló mi cabeza. Lo reconocí, era el que tantas otras veces había escuchado acompañado de una publicidad engañosa, la del correo. Aunque compacto, el expresivo asunto captó mi completa atención durante un buen rato. Me rasqué la barbilla pensativo, intentando averiguar qué había detrás de aquel “Ver de inmediato” sin entrar en él, como un reto. Ni siquiera me detuve a conocer el nombre del emisor, no importaba demasiado.

Sumido en mis pensamientos, no me acordé de que el link del aviso desaparecía en diez segundos si no entrabas directamente por él, por lo que tuve que perder unos minutos entrando manualmente al correo.
Un suave trago de saliva fue el primer efecto que provocó mi acierto. El asunto se alargaba hasta leer “el ambicioso proyecto de científicos locos”. Coincido completamente con ambos adjetivos.

El vídeo estaba designado como “Invitación a Géminis”. Géminis era el nombre del proyecto con el que nos habían atosigado tanto tiempo, cosa que se explicaba en él.

Este se inicia con el sonido de las trompetas de los primeros compases de una canción antigua, de la época romana. Indagando un poco más en el tema pude asociarla con sus victorias. Suena durante unos segundos sobre un fondo negro. Se escucha un redoble de tambores de fondo para conmemorar la aparición de un hombre algo decrépito. Una prominente barba adorna su inexpresiva cara, y le da el toque oscuro que le falta al cabello rubio. No es un hombre de cincuenta años, lleno de sabiduría proveniente de un par de carreras universitarias. Es un hombre, quizás con diez años encima más que yo, bien vestido y peinado para que la gente vea en él un tipo elegante. Por su aspecto, pude deducir que era una de esas personas que no dormían bien pensando en si alguien pensaba mal de ellos. Se viste con una bata blanca de médico que le tapa hasta las rodillas, sin ni una mota de polvo en ella. El vaquero desgastado conjunta bastante bien con ella, aunque no sería mi elección para aparecer en un vídeo visto por millones de personas, tampoco se dejaba en ridículo.

Es el prototipo de los jóvenes de entre veinte y treinta años: alto, atlético y guapo. Mi primera impresión fue de molestia. Tantos cuidados y tanto gasto para transmitir un mensaje. De todas formas, la importancia del mensaje no se mediría en absoluto por la carisma y forma del emisor. En mi opinión.

La situación inicial es esta: el joven, mirando profundamente hacia el horizonte, es grabado por una cámara inmóvil de frente. Hace sol, pero el ángulo está colocado desde un ángulo preparado para enfocar su cara. De fondo se puede ver una colina alta. Ni me paré a meditar si conocía el lugar en el que se encontraba. Deduje que todo era un montaje, por lo que los lugares habían sido escogidos de la red, siendo así ficticios o retocados.

En el ángulo inferior izquierdo de la pantalla aparecen unas líneas que indican el nombre del grupo, el de la canción, la casa discográfica y el año de aparición del tema, como si se tratase de un videoclip emitido en algún canal musical. Pero la ventana del vídeo es tan pequeña que no soy capaz de leer las letras. Qué poco cuidaron el vídeo antes de subirlo.
Entonces, intercambiando miradas con la cámara, imita con sus dedos una tijera y detiene la canción al momento. En ese preciso instante desaparece la colina y todo a su alrededor cambia de pronto, excepto la cámara. Cortando y copiando escenas. No era difícil, hasta yo lo podría hacer con el programa específico y un par de noches entregándome a ello.
Ahora el tipo se encuentra dentro de un laboratorio. Saluda con gesto militar y fija la vista en la cámara. Deduje que trataba de expresar confianza y disciplina. Luego baja la mirada, como distraído o arrepentido, buscando palabras para expresarse a una audiencia que sobrepasaría los límites previstos. Abre su mano, esperando a que ocurra algo, y aparece un pergamino enrollado tan largo que se sale de la cámara. Parece arcaico y escrito con letras desconocidas de una lengua muerta. Él no leía, se limitaba a contar lo que hubo practicado antes de comenzar a grabar. Se le daba bastante bien fingir.

»Estoy presente en este cortometraje para comunicar al mundo la función del llamado Proyecto Géminis—. Sigue leyendo, cada vez más deprisa, pasa sobre varios párrafos de jerga legal hasta que las palabras me llevan a lo interesante del vídeo, al porqué de tantas reproducciones y visitas en tan poco tiempo.

»Permitid que os adelante lo más destacado. Para comenzar, el Proyecto Géminis fue bautizado con ese sobre nombre por varias identidades que lo llevan a cabo. No es un esquema, ni un boceto de un experimento, ni un plan. Es un proyecto que se llevará a cabo durante el próximo mes. El “géminis” es una simple coincidencia, tanto yo como mis compañeros nacimos bajo ese signo zodiacal.

»¿Por qué fue esta idea tan descabellada concebida en nuestras mentes? Pues bien, por unas razones que nos afectan a todos por igual y que hasta un ciego podría darse cuenta de ellas. El mundo está sumido en la más profunda de las crisis que han sido datadas hasta ahora. Los combustibles fósiles, ya casi nulos, escasean y se utilizan de formas irresponsables. El cambio climático es aún más preocupante. ¿Por qué llueve en julio si el proverbio dice “en abril aguas mil”? ¿Por qué nos azota el invierno en las últimas semanas de marzo?

Levantó la vista y observó la cámara con esa mirada que pone uno cuando quiere convencer a alguien y que está dispuesto a lo que sea por conseguirlo. Fue fácil descubrir sus intenciones parando el vídeo y atendiendo concienzudamente a todos los aspectos de su constante expresión facial.

»Pues bien, todos queremos que esto cambie, ¿me equivoco? Fácil y compacto: hemos conseguido potenciar algunos de los cromosomas humanos mediante elementos óxidos en la materia sanguínea de los sujetos.
Su cara decía “¿Me entendéis? Lo he sintetizado mucho para que sea apto para todos los públicos, y me ha costado muy poco hacerlo” adornada con una sonrisa congruente con el pensamiento. Ese comportamiento me sentó como un jarro de agua fría. No era de mi agrado que gente así se considerara más lista que el resto solo por haber estudiado una carrera y creerse el centro de atención.

»Es muy simple a mi modo de ver las cosas. El trabajo lo haremos nosotros, por lo que los sujetos no tendrán ni que mover un dedo. Dicho esto y, con no muchas más cosas que aclarar por el vídeo, doy por abiertas las puertas para todo aquel que quiera probar. Necesitamos gente adulta, con un mínimo de dieciocho años

Abre las manos considerando la oferta, diciendo entre líneas “os trataremos como en vuestra casa”. La mirada ahora expresa confianza, entornando los ojos. Asiente con la cabeza y remata susurrando que es algo muy importante, algo grande que cambiará el curso de la historia. Un punto y aparte. Se tomó muy en serio hasta el último detalle en la puesta en escena del corto. La mirada en cada frase, el trago de saliva en el punto de inflexión. Conocía perfectamente las maneras para dirigirse a un público extenso y era consciente de que aquel vídeo lo verían desde jóvenes hasta ancianos. Deduje que en algún momento de su vida había aprendido oratoria, o por lo menos que sabía algo del tema.

Pasados unos segundos de expectación, se vuelve negro y desaparece el chico. Pensé que se acabaría el vídeo. Me equivoqué al estudiar la nueva escena. Una oficina con diseño rústico es ahora el lugar escogido para continuar. Una gran mesa rectangular es lo primero a lo que se va la vista debido al efecto producido por el barniz y la luz del sol. La resolución es inmejorable, diría que han cambiado la cámara. En este punto juraría que era lo más real del vídeo hasta el momento. Mueve una especie de silla con ruedas, se sienta lentamente procurando no caerse e inca los codos durante unos segundos. La pared derecha, pintada de un naranja oscuro para provocar un efecto más rústico si cabe, está decorada con diplomas. En la parte izquierda se encuentran las ventanas abiertas, dejando fluir el aire para refrescar la habitación.

En frente de él se encuentra unos cuantos objetos menos llamativos, pero que le dan un aspecto cálido de relleno. Una lámpara de bajo consumo apagada que apunta hacia unos documentos desordenados y esparcidos por toda la mesa. James coge uno al azar y continúa con la invitación. Esta vez pude asegurar que a juzgar por el movimiento de sus ojos en torno a las líneas del texto, sí leía.

»Los que vengáis dar por seguro un buen alojamiento y una buena asistencia durante el tiempo que haga falta. En cambio, no volveréis a vuestros hogares hasta terminar con Géminis —“lo cual es lógico” añadió con la mirada.

Pausa dramática. Ese tío me gustaba cada vez más por su forma de hablar, pero al mismo tiempo odiaba sus aires egoístas.

»Estamos investigando un caso erróneo que se da en las personas que comparten el grupo sanguíneo cero negativo. No sabemos el por qué de esto, pero intentaremos solucionarlo. De todas formas, pueden venir igual, pero no estoy apto para confirmaros nada.

Pausa, como buen orador que es, para recitar algo que no está escrito en ninguno de los documentos.
»Para venir, es necesario acercarse a alguna capital de cualquier país europeo occidental, Brasil, como punto de Sudamérica; China, Japón o San Francisco. El resto será mecánico, dejadlo en manos de nuestros asistentes.

Al final del vídeo, James incluía un link a la página web oficial del proyecto Géminis, donde se encontraba un enlace al vídeo y la explicación más detallada en letra. Poco después me daría cuenta de que ese hombre llevaba los planes en Internet y atendía personalmente los comentarios, aunque eso era solo la teoría, porque en la práctica no había visto ni una respuesta suya. Me resultó bastante extraño que ya hubiera medio millón de usuarios registrados en ella, como si tuvieran acceso a más información por tener cuenta. A pesar de todo, la página no estaba muy trabajada ni decorada. Tampoco era necesario.

“Así va el mundo”, aventuré a decir cuando acabó el vídeo.

Lo cerré y eliminé el correo, no necesitaba ese vídeo, sabía que lo vería muchas más veces en la televisión, incluso por la radio. Estaba más que seguro de que nadie iba a aceptar la Invitación a Géminis, sería de locos.
Pero me equivocaba.

Transcurrió una semana. Una semana caótica en la que los minutos parecían horas, las horas días y los días semanas. Para mí transcurrieron siete semanas en ese corto plazo de confusión. El mundo tardó en derrumbarse por completo una semana. Dios creó el mundo en siete días, bueno, se tomó uno para descansar; nosotros lo destruimos en el mismo tiempo.

Quizás exagero un poco, pero es que me sentí muy mal en aquel momento. A lo mejor fue por mi inútil existencia. Éramos tan frágiles y débiles que cualquiera podía aparecer en un vídeo con un mínimo de poder de convencimiento, un par de pensamientos utópicos y una cara bonita para plantar una pequeña semilla en nuestras mentes y dejar al tiempo el resto.
Nueve de cada diez personas aceptaron la Invitación a Géminis y participaron en el experimento. Mi madre también fue.
Esa semana fue horrible, entre exámenes de final de curso (que la mitad se cancelaron por falta de personal docente), discusiones en casa entre mis padres para decidir el futuro de la familia y tantas noticias devastadoras en la televisión. Cumplí los dieciséis años, fue el único motivo por el que mi madre aguardó tanto tiempo sin irse de casa. Días después tomó un avión hacia Madrid y la perdimos para siempre.

Aquel día fue horrible para mí. Me metí en la ducha y lloré desconsoladamente mientras el agua aguijoneaba mi espalda. Nunca me había sentido tan apesadumbrado como entonces, ni siquiera con la muerte de mis abuelos. ¿Se nota que cuando se fue la di por muerta? Consideré que una parte de mí se había ido con ella. Para siempre.

Que yo recuerde, el planeta Tierra nunca estuvo en peor estado que en la primera semana de julio. La pobreza, un tema muy interesante que azotaba a casi toda la población, estaba en su máximo auge, provocando la muerte de miles de personas. Los que tenían algún bien económico, se lo fundían en el viaje hacia los puntos designados por James. Estos habían dejado su trabajo, reduciendo a un mínimo preocupante la producción de comida.

Mi padre tuvo suerte en este punto. Siendo trabajador de una creciente y prometedora empresa que permitía a sus usuarios entrar en la red desde cualquier parte y en cualquier momento. También fue útil para mí: conectarme con mi teléfono vía Internet era uno de los pequeños caprichos que me permitía en aquellos tiempos. Me servía para matar el tiempo y pasar un buen rato, poco a poco se fue convirtiendo en rutina. Después lo utilicé como terapia para las depresiones.
La escasez de víveres, quizás lo peor y más importante, ya no había agricultores, ni pescadores, ni granjeros, ni nadie que trabajase para producir comida. Fue como una vuelta al pasado, a nuestros orígenes, mi padre compró animales para criarlos en nuestra gran finca, pero no salió del todo bien la operación y terminamos por comprar mucha fruta justo al recibir toda aquella información. Fuimos precavidos.

Nació una nueva subcultura, aunque en foros la llamasen secta, la palabra correcta era subcultura. Los herejes, todos los que hasta el momento tenían las cartas para formar la nueva especie eran denominados por ese nombre. En los foros con más usuarios registrados también se notó una escandalosa pérdida de actividad, casi todos los odiaban por motivos de envida o rabia. Conocer a alguien de mucho tiempo y que de repente te cambie por salvar el culo, quieras que no, da rabia. Pero, la verdad estaba oculta detrás de todos ellos, cada vez desaparecían más personas registradas y todos sabían que se habían convertido en herejes.

Transcurrió una semana más.

Empezamos a perder todo rastro sobre nuestros familiares y colegas herejes. La gente empezó a dar por supuesto que aquello era solo la estafa excéntrica de unos locos millonarios. Otros opinaban que, aunque el proyecto y la formación funcionasen, el mundo ya no estaría allí para conceder una segunda oportunidad. Entretanto, yo seguí aprendiendo y creciendo como un chico normal en un ambiente extraño.

Invitación a Géminis y Géminis fueron desplazándose, gradualmente, al territorio de la leyenda urbana. Los científicos que mantenían a millones de personas y lo llevaban a cabo no contactaron de ninguna forma con el resto de la población de humanos, no lo hicieron hasta que se dieron cuenta de su error. Un error que convirtió lo malo en peor.

Fue entonces, la noche del 15 de julio de 2014, el nombre de James Kart apareció en la pantalla de nuestra televisión y su persona, muy diferente en todos los aspectos, nos puso al tanto de lo que había ocurrido. Fue, para nuestra desgracia, como si alguien nos rociara con agua fría durante cinco duros y tensos minutos.

Aparece el joven James en pantalla, tras un fondo real en el que se encuentran otros dos empleados del laboratorio, va vestido con una bata negra, unos pantalones de pana con un color rojo muy llamativo. Sus ojos azules se fijan en la cámara y no pestañea durante diez segundos.

»El experimento ha fallado. No hemos obtenido los resultados deseados. En lugar de ello, lo que sí hemos hecho ha sido desatar una plaga de hombres y mujeres que están dispuestos a morir por carne humana. Pero no os preocupéis, la situación está controlada.

Pausa y pienso que yo ya había advertido aquella posibilidad. Me quedé boquiabierto llevando las manos a la cabeza como gesto de sorpresa. Pensé en mi madre, y en todas las demás personas que conociese y que hubieran aceptado Invitación a Géminis. ¿Podría caber la posibilidad de sujetos exentos? ¿O simplemente que no hayan llegado a los puntos? Para qué pensarlo. Para torturarme día a día con los suplementos de la sociedad. Para vivir con aquella estúpida esperanza de encontrar a mi madre en una esquina, sentada, con el rostro manchado y un aspecto desgarrador y triste, implorando el perdón de Dios y pordioseando a toda la gente que pasara por su lado. No y mil veces no. Mi madre estaba muerta, lo había aceptado. Era capaz de vivir con aquello. “Por favor, Jeff, no guardes ninguna esperanza”, me dije. Pero sabía, aunque me costara reconocerlo, que en el fondo de mi corazón existía una lucecilla que velaba por el recuerdo de mi madre día tras día, noche tras noche, tal y como había hecho ella conmigo quince años atrás.

James abre la boca por última vez, suelta un hilillo de voz y se ve incapaz de continuar. El vídeo se apaga y la sociedad queda sentenciada.

«Nos habían cargado el muerto». Mi padre se levantó bruscamente del sofá y en un arrebato de ira le pegó un puñetazo a la televisión y la apagó. Gritó unas palabras realmente confusas que en absoluto entendí y se encerró en su cuarto durante las siguientes horas.
Quizás no sea el tipo perfecto para sobrevivir a una sociedad apocalíptica, pero yo no escogí mi destino.

Son muchos los libros, los dibujos animados, las películas y las miniseries que han intentado contar la historia de lo que sucedió después, pero ninguno acierta. Así que he decidido aclararlo, de una vez por todas.[/spoiler]

Sed malos y haced críticas :>>>

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Re: Phoenix

Post by Godah » 02 Sep 2012, 12:07

Bueno Deja, me he leído tu prólogo con mucho interés y he de decir que sigo dándole vueltas al título; muy bien pensado. A mí me ha gustado el tono distópico y pasota de la narración, la ubicación de los personajes es inexacta y hay una sensación de vaguedad permanente que me gusta. De todos modos hay un aspecto que considero un poco negativo y es el hecho de que la focalización es en primera persona pero los hechos se explican como si hubiera un narrador omnisciente. Jeff parece saberlo todo aun siendo un chaval que no sale mucho de su ciudad o pueblo hasta el punto de que parezca inverosímil. Es una sensación que no sé si compartes.

Por otro lado, el vídeo de James es original y haces que Jeff lo explique bajo su inimitable punto de vista. Eso y la frase del final está bastante bien, acaba dándole un protagonismo inminente y súperimportante al protagonista, valga la redundancia. xD

PD: Por cierto, se escribe hincar.

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Re: Phoenix

Post by Deja » 05 Sep 2012, 16:39

¡Gracias por leer!

Vamos a ver... He de decir que sí, que el que el narrador sea J3ff me da la amplitud de vaguedad y desgana de un adolescente y su punto de vista. Vamos, como si la mayoría de cosas le resbalasen mucho. Lo de la omnisciencia, tengo que mirar por ahí en qué puntos suena demasiado irreal que lo sepa todo él y cambiarlo un poco. En definitiva, intentaré mejorar un poco este punto, muchas gracias por comentarlo.

Ya ves, hay momentos en los que J3ff se pasa de listo XD. Pero así es: el ombligo del mundo. La frase final, a mí como lector me encanta. Le da como un aura mágica al texto y cierra de puta madre el prólogo XD. Además, implica que la historia ya ha ocurrido y que el tío vive, porque lo está contando desde su punto de vista.

Un placer leer críticas como esta~~

EDIT: Eso de hincar, vaya errata, pero ahora mismo no sé donde lo he escrito =S Ya me lo releo luego y cambio ^^

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